Lactar, la película número 28 del director Harold Trompetero, llega a las salas colombianas el 14 de mayo con un elenco encabezado por María Elena Doering, Diego Trujillo y Julián Díaz. La cinta parte de una premisa que Trompetero cocinó durante más de 15 años —y reescribió como guion cerca de 30 veces— para convertirse en algo que el cine colombiano rara vez produce: una película que molesta, que interpela y que, al salir de la sala, todavía sigue dentro de uno.
Hay que decirlo sin rodeos: apoyo el cine colombiano, lo valoro y entiendo lo difícil que es sacarlo adelante. También hay que reconocer que una parte de la audiencia lleva años diciéndolo con razón: el mercado local se ha llenado de comedias de bajo vuelo, de películas que funcionan como producto pero no como arte. Harold Trompetero ha sido uno de los grandes artífices de esa rentabilidad —con títulos como El Paseo o La Patasola— y eso, aunque genere críticas, es lo que en últimas financia el ecosistema que permite que proyectos distintos como este existan. Sin Trompetero el taquillero, difícilmente habría Trompetero el autor.
Lactar es precisamente ese otro Trompetero. La historia nació de una conversación con Victoria, una mujer real que trabajaba en la casa del director no por necesidad económica, sino porque necesitaba sentir que vivía. A partir de esa semilla, el realizador pasó más de una década escribiendo, borrando y reescribiendo hasta publicar el libro homónimo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) de 2025. La película es otra cosa: más concreta, más visceral, más cine.
Lactar: una premisa imposible que se vuelve inevitable
Victoria tiene 62 años, ocho hijos, un marido adinerado —interpretado por Diego Trujillo en un papel que, según se conoce, lleva madurando desde hace más de una década— y una pregunta que no puede callar: ¿qué hago con mi vida? La respuesta que le da la historia es tan incómoda como brillante: queda embarazada. Y el bebé no es del marido. En ese momento, Lactar deja de ser una comedia de situación para convertirse en un drama existencial. La película se construye sobre el triángulo entre Victoria, su esposo y su chófer —confidente y cómplice—, y es en esa tensión donde el relato respira y duele.
El personaje de María Elena Doering genera empatía sin pedir lástima. Su viaje no es el de una víctima; es el de una mujer que decide ser, aunque el mundo entero le diga que ya era hora de dejar de serlo. Esa es la apuesta moral de la película, y es una apuesta valiente. Lactar habla de racismo, de violencia intrafamiliar, de exclusión de géneros, de la edad como condena social. No los menciona: los encarna.
También lea: Mario Mendoza presenta en la FILBO 2026 su novela sobre las nuevas mafias latinoamericanas
Lactar y la apuesta visual que el cine colombiano necesitaba
Aquí es donde la película se separa definitivamente del montón. El director de fotografía Óscar Jiménez E. propuso lentes de gran apertura panorámica que hacen sentir a los personajes solos dentro del encuadre, pequeños frente a un mundo que los juzga. La luz es fina, las cadencias son lentas, deliberadas, incómodas en el buen sentido.
La dirección de arte merece párrafo aparte. El rojo atraviesa la película como un hilo conductor: el rojo de la menstruación, de la gestación, del embarazo tardío. No es un capricho estético; es un lenguaje. Cada aparición de ese color carga con el peso simbólico del cuerpo femenino, de su capacidad y de su estigma. Es cine que piensa con imágenes, no con diálogos explicativos. Eso, en el contexto del mercado colombiano, es casi revolucionario.
🔴 #Entretenimiento | @juliandiazactor a Cablenoticias en el estreno de Lactar, la más reciente película de @trompetero: “Tienen que venir masivamente a ver Lactar, la película es una obra maestra… estamos delante de lo que yo creo puede ser nuestro primer Óscar”. pic.twitter.com/peQIO20MV8
— CABLENOTICIAS (@CABLENOTICIAS) April 30, 2026
El formato de pantalla también marca diferencia. La propuesta visual de Lactar se aleja del estándar televisivo que suele colonizar el cine nacional y apuesta por una imagen que obliga a mirar diferente, a acomodarse en la butaca con otra disposición. Es un gesto pequeño con consecuencias grandes: nuestro cine se vuelve un poco más artístico, un poco más exigente con el espectador, un poco más respetable.
El actor Julián Díaz, en conversación con Cablenoticias, fue contundente: aseguró que Lactar será la primera película colombiana en traer un Óscar a Colombia. Es una declaración audaz, del tipo que en este país solemos tomar con escepticismo. Pero después de ver lo que esta producción propone —en forma, en fondo y en atrevimiento—, la frase no suena tan descabellada. Suena, más bien, como el tipo de ambición que el cine colombiano lleva décadas necesitando.
Qué sigue para Lactar y el cine colombiano de autor
Lactar se estrena en salas comerciales el 14 de mayo de 2026, en el marco del mes de las madres, una fecha que no es casual. La película es, entre muchas otras cosas, una conversación urgente sobre la maternidad, la libertad y los límites que la sociedad le impone al cuerpo femenino. Nuestra puntuación: 4 sobre 5. No porque sea perfecta, sino porque es honesta, valiente y necesaria. No deje que se lo cuenten: vívala.
Para más información consulte nuestras noticias internacionales y noticias de Colombia.




